Beatriz Zamora afirma que el color de máxima oscuridad, en el que ha reflexionado siempre, resulta poco atractivo para el mercado del arte - Ecos del Estado

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08 octubre 2019

Beatriz Zamora afirma que el color de máxima oscuridad, en el que ha reflexionado siempre, resulta poco atractivo para el mercado del arte



La casa de Beatriz Zamora (Ciudad de México, 1935) dista mucho de una tradicional. Los muebles son escasos. El espacio para sala y comedor está ocupado por grandes cuadros de carbón recién producidos. Y su patio trasero hace de taller, un laboratorio de experimentación de la oscuridad total.

Preocupada por el destino de sus obras y la poca aceptación de su pintura en el mercado, la artista conversa con El Heraldo de México sobre las más de cuatro décadas que ha dedicado al arte, desde su exploración con el color tierra, que expuso en el Palacio de Bellas Artes en 1977, al trabajo que inició un año después y que ha derivado en la creación de tres mil 500 obras en negro.

“Es una obra que nunca ha sido comercial, se vende lo barato, lo banal, y toda mi vida ha sido ir sobreviviendo”, confiesa Zamora, débil después de tres operaciones de cadera. La artista terminó su relación comercial con Enrique Guerrero porque no había ventas; ahora prueba suerte con la galerista Pamela Echeverría con quien recientemente firmó un contrato por un año, y sigue en espera de que alguna institución se interese por su trabajo.

us cuadros, sin embargo, se cotizan alto. Reportes de la casa Morton indican que el cuadro El negro No. 2207 alcanzó 160 mil pesos en un remate de 2018. La pieza El negro No. 2230 se estimó hasta en 400 mil para una venta en 2017, el mismo precio de una pintura del mismo título, pero con el número 2930, firmada en el 2000.

Pero las últimas ventas de Zamora, han tenido precios menores, como la pintura con el número 106 que se remató en 32 mil pesos u otra también en negro que se subastó en 65 mil pesos en febrero pasado.

Quien fue homenajeada con la Legión de Honor de la Académie des Beaux-Arts en Francia y el Premio Nacional de Pintura en 1978, considera que es el desconocimiento del color y las creencias culturales asociaciones a la muerte, lo que dificultan su venta. “Las cosas se han puesto difíciles en el mercado, ya ves cómo está la economía, pero es también porque a la gente le da miedo, soy mujer y hago cosas con negro, no es muy atractivo”.

La pintora mexicana, quien fue esposa del muralista José Hernández Delgadillo, es la única en América en investigar las posibilidades expresivas del negro; en Europa su homólogo es el francés Pierre Soulages.

Aunque pareciera un trabajo místico, en realidad es una exploración que sucede en el estudio donde manipula el negro de humo, el carburo de silicio y la resina acrílica. Tres materiales con que da forma a monumentales lienzos con volumen. La artista, con estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de París, cuenta que la materia más difícil de conseguir es el carburo.

“Es una piedra que me traen de China, pero no hay minas de ésta ni se consigue así directo, sino que se forma cuando se explota la dinamita para abrir montañas, y a veces sale ahí pegada y otras veces no. Antes me llegaba de Rusia y Yugoslavia ,y ahora de China”, describe.

Sus días transcurren principalmente en su taller, instalado justo a un costado de su cama. No todos los días trabaja, pero sí diariamente, piensa en el color entendido como el silencio, la creación y lo absoluto: “Para ser verdaderamente lo que somos, primero tenemos que dejar lo que no somos”, dice.

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