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23 enero 2019

El huracán Zapata amenaza a Cristiano


Cuando este verano el Atalanta pagó 26 millones de euros por él, a más de uno le entraron escalofríos. Era el traspaso más caro de la historia del club. Y a cambio recibían a un delantero con cara de buena gente, pero de piernas más bien torponas. Había dejado algunos destellos de su potencia, como un gol de bandera que marcó la temporada pasada con la Sampdoria, en el que arranca desde su campo y define con una preciosa vaselina desde el pico del área. Pero poco más. Aquella, la anterior campaña, fue su mejor año en Italia, con 11 goles. Hace dos meses, con sólo un tanto en su casillero, todavía se preguntaban en el equipo de Bérgamo qué le habían visto a este Duván Zapata.

Aquel 3 de diciembre, jugaban Atalanta y Nápoles, el equipo que lo trajo a Europa hace seis años. Llegó con apenas 21 del Estudiantes de la Plata, donde había recalado procedente de su Colombia natal. El presidente napolitano, Aurelio De Laurentiis, con un ojo no siempre acertado para los fichajes, traía a un niño convertido ya en un tanque, de 1,90 y 90 kilos, que pisaba el área retumbando como un vehículo acorazado. Eran los años en los que Higuaín goleaba en Nápoles, así que Zapata no jugó mucho. El caso es que, volviendo al pasado más inmediato, cuando el colombiano se reencontró este año con sus ex marcó su segundo gol de la temporada. Desde el área pequeña, imponiendo su físico.

El Atalanta perdió ese partido por 1-2, pero su delantero recuperó la confianza. La semana siguiente tocaba enfrentarse al Udinese, curiosamente el conjunto al que fue cedido tras su etapa en Nápoles. Como si hubiera que cocinarlo a fuego lento, al colombiano ya le fue mejor en el norte de Italia. En su última campaña lo jugó prácticamente todo y por fin consiguió cerrar su registro goleador en dobles dígitos. Sin embargo, si su venganza ante el Nápoles fue un acto de iniciación, contra el Udinese no tuvo piedad. Marcó un hat-trick, que le dio la victoria a su equipo. No celebró ninguno de los goles, pero pareció que les estaba aleccionando, que ya había advertido de lo que era capaz. "Después de escuchar tantas críticas, quienes os sorprendéis sois vosotros, yo sabía dónde podía llegar", dijo la semana pasada en una entrevista en el Corriere della Sera.

Póquer al Frosinone

Porque desde entonces, el huracán se desbocó. Tras esos dos partidos no ha dejado de marcar. En los últimos siete encuentros ha anotado 13 dianas. Y lo mejor quedaba por llegar. En plena fiebre colombiana en la Serie A, este domingo mandó cuatro veces el balón a la red, en la victoria de su equipo 0-5 ante el Frosinone. De cabeza, de volea, con la diestra y con la zurda. Sin salir del área, pero Zapata los hizo de todos los colores. Ahora, igualado con Cristiano Ronaldo y Quagliarella, su ex compañero en la Sampdoria, encabeza la tabla de máximos goleadores con 14 tantos.

A sus 27 años, Zapata ha tenido que pasar por cuatro equipos y siete entrenadores para demostrar que lo suyo no era un negocio alumbrado por uno de esos agentes con vocación de vendedor de alfombras. Comenzó a jugar en las calles de Cali y dice que seguía un equipo por país: Barcelona, Arsenal e Inter. Como el éxito trae aparejado el interés mediático y los rumores, los últimos ya le sitúan en la órbita de los interistas, devolviendo el guiño al equipo transalpino de sus amores. Ya no son tantos quienes se mofan cuando el tímido Duván explica que ha ido aprendiendo de los movimientos de algunos de los mejores delanteros de la Serie A. Tiembla Cristiano, te ha salido un competidor.


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